SUEÑO DE NOCHE BUENA

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El escritor uruguayo José Enrique Rodó cuenta un hermoso sueño que tuvo una víspera de Navidad. El relato es el siguiente: "Era en la soledad de los campos, una noche de invierno. Nevaba sobre lo alto de una loma, toda blanca y desnuda. Se aparecía una forma de caminante cubierto de nieve. En derredor de esta forma flotaba una claridad del nimbo de una frente. El caminante era Jesús Allá donde se eriza el suelo de ásperas rocas, un bulto negro se agita. Jesús marcha hacia él; él viene, como receloso, a su encuentro. A medida que el resplandor divino lo alumbra, se define la figura de un lobo, en cuyo cuerpo escuálido y en cuyos ojos de siniestro brillo está impresa el ansia del hambre. Avanzan; párase el lobo al borde de una roca, ya a pocos palmos del Señor, que también se detiene y le mira. La actitud dulce, indefensa, reanima el ímpetu del lobo. Tiende este el descarnado hocico y aviva el fuego de sus ojos famélicos; ya arranca el cuerpo de sobre la roca..ya se abalanza a la presa..ya es suya..,cuando Él, con una sonrisa que filtra a través de su inefable suavidad la palabra: "Soy yo", le dice.

Y el lobo, que lo oye en el rapidísimo espacio de atravesar el aire para caer sobre él, en el mismo rapidísimo espacio muda maravillosamente de apariencia: se transfigura, se deshace, se precipita en lluvia de blancas y fragantes flores. A los pies de Jesús, entre la nieve, las flores forman como una nube mística...Lo que movió la transformación milagrosa fue virtud del propio sentir del lobo, espantado, loco, al reconocer a aquel a quien iba a destrozar con sus dientes: arrepentimiento, dolor, vergüenza, ternura, adoración se aunaron como en un fuego de rayo, y derritieron las entrañas feroces, y las refundieron en aquella forma dulcísima, todo ello mientras declinaba la curva del salto que tuvo por arranque la intención de hacer daño.."

El sueño finaliza con la escena en que Jesús observando las flores hace sonar sus dedos y produce una nueva metamorfosis. Del manto de flores se despierta "un perro grande, fuerte y de mirada noble", un San Bernardo, de esos que "van en socorro del viajero perdido".

¡Qué extraordinario mensaje! ¡Qué hermoso sería convertir en realidad el sueño de Rodó en esta Navidad! ¿Por qué no transformar el lobo furioso en un ramo de flores o en un San Bernardo? ¡Cuán diferente sería el mundo si el odio destructor, la furia avasalladora con que herimos a los demás y nos lastimamos a nosotros mismos, pudiese ser trasmutada en la gracia perfumada y colorida del acto alegre y servicial! Es el sueño de cambiar el gesto hosco y el semblante enfadado por una dulce sonrisa. El anhelo de "convertir el ultraje de los años en una música", como decía Borges. Buscar iluminar los jardines oscuros, calmar el oleaje encrespado, mudar el repulsivo gusano en una grácil mariposa. Es sabido que la crueldad rechinando entre las vísceras y las ansias salvajes que batallan en el interior, desintegran el espíritu, enferman el cuerpo y destruyen las relaciones. Por el contrario, el amor enriquece a la persona y a quienes son objeto del mismo. ¡Cómo anhelamos que la Navidad pueda cambiar los impulsos agresivos en actos afectuosos y solidarios. ¿Eso es posible o es pura fantasía? Erradicar la violencia y la destructividad humana, ¿es el dulce sueño de un poeta romántico o puede convertirse en realidad? Ciertamente que se trata de una utopía, del viejo anhelo del hombre de cambiar su naturaleza animal. Sin embargo, Jesús puede hacer posible la conversión. Si las aspiraciones de Noche Buena de ser mejores y buenos dan lugar a la Navidad, el momento del nacimiento de Cristo en la Vida, el sueño puede convertirse en hechos reales. Si Dios pudo trasmutarse en hombre por amor a nosotros, ¿acaso ese mismo amor no podrá derretir nuestros corazones para hacer florecer la gratitud y la bondad? Entonces el deseo de Feliz Navidad va a ser una experiencia concreta y pletórica de regocijo. ¡Qué así sea!

Dr. Mario Pereyra
Universidad Adventista del Plata
www.mariorpereyra.com

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