Meditaciones Matinales
De Amigos Adventistas
Cada día con Dios - Elena G. de White
Hoy es Jueves 24 de abril del 2014
 

MIRA HACIA EL LADO LUMINOSO

Y serán para mí especial tesoro, ha dicho Jehová de los ejércitos, en el día en que yo actúe; y los perdonaré, como el hombre que perdona a su hijo que le sirve. Mal. 3: 17.

Tengo palabras de aliento para ti. Jesús te ama. Dio su preciosa vida para que no perecieras, mas tengas vida eterna. Entonces alza tus ojos a él. Mira hacia el lado luminoso. No te hará bien mirar hacia el lado oscuro. Sé paciente, venga lo que venga. Puedes obtener fortaleza de Jesús, porque en él habita toda plenitud. Cuando la desesperación amenace arrastrar tu alma, sigue mirando a Jesús. Pon tu alma desamparada en él. El vive siempre para interceder por ti. Eres precioso a su vista. El que contempla con interés al gorrioncillo, considera con amor y piedad a su hijo probado y afligido.
Dios nos somete a disciplina para nuestra felicidad actual y nuestro bien futuro. La bendición más grande que tienen sus hijos es la disciplina que les aplica. Nunca los guía de modo diferente al que ellos eligirían si pudieran ver el fin desde el principio, y discernir la gloria del propósito que están cumpliendo como colaboradores de Dios.
El Obrero divino dedica poco tiempo a material sin valor. Sólo pule las joyas preciosas a manera de las de un palacio, limando las aristas. El proceso es riguroso y penoso. Cristo elimina las aristas que sobran y al aplicar la piedra al esmeril la aprieta con fuerza, para que toda aspereza desaparezca. Entonces, al llevar la joya a la luz, el Maestro ve en ella un reflejo de sí mismo, y decide que es digna de ocupar un lugar en su cofre. . .
Mi querido hermano: Mira siempre a Jesús, y pon cielo en tu vida aquí. El camino al cielo es angosto y la puerta es estrecha, pero todos los que quieran pueden entrar por la puerta estrecha y caminar por la senda angosta. Si por fin llegamos al cielo, nuestro cielo debe comenzar acá. Mientras más cielo pongamos en nuestra vida aquí, mayor será nuestra felicidad en el hogar celestial.
Espáciese tu mente en la bondad de Dios, en el gran amor con que te ha amado. Si no te amara, no habría dado a Jesús para que muriera por ti. Sus brazos eternos te sostienen. Le afligen todas tus aflicciones. "Grande es la fuerza que Dios concede por medio de su Hijo eterno" (Carta 69, del 23 de abril de 1903, dirigida a un joven que sufría aflicción).