Meditaciones Matinales
De Amigos Adventistas
Cada día con Dios - Elena G. de White
Hoy es Sábado 20 de diciembre del 2014
 

ESCOGEOS HOY

Escogeos hoy a quién sirváis. Jos. 24: 15.

El viento está creciendo en intensidad hasta convertirse en ciclón. No me aventuro a salir al puente [del vapor Wairarapa]. Me alegro de mantenerme en calma. . .
Estaba elevando mi corazón a Dios por medio de Cristo, quien calmó la tempestad al decir: "¡Calla, enmudece!"
De repente el arco iris se extendió en el cielo. Pude ver la señal de la promesa de Dios en ese arco trazado en las nubes, y descansé en la confianza de sus brazos protectores. . .
La camarera ha sido muy amable conmigo. Le di El Camino a Cristo y algunos periódicos y folletos. Le hablé acerca de la salvación de su alma. Le señalé los peligros que corre la vida de todos los que se encuentran en el mar. Me dijo que había pensado en ello a menudo, pero añadió: "Si pudiera, sería cristiana; pero no puedo. Sería imposible seguir a Dios en un barco como éste. Usted no sabe, no puede tener la menor idea de la maldad de estos marineros. El capitán y sus colaboradores poseen características tan similares a las de la tripulación, que no pueden ejercer influencia sobre ella para introducir reformas, si quisieran hacer tal cosa". Le pregunté por qué no buscaba otro empleo. Me dijo: "De nada valdría. Tengo cuatro hijos que sostener y no tengo fuerzas para hacer trabajo duro". Era una mujer pequeña, frágil y de rasgos delicados. . .
Traté de hacerle entender lo peligroso que es vivir sin orar. Me dijo: "No vale la pena orar aquí, ni tratar de ser religioso". Le dije que si el Señor le había señalado ese lugar, ella podría descubrir en Cristo su refugio, si lo aceptaba como su Salvador. Me contestó con lágrimas en los ojos: "Es imposible. Conozco la tripulación de este barco. No puedo practicar aquí una religión viviente. Espero que llegue el día cuando se me abra la oportunidad de vivir sin tener que sostener a mi familia, y entonces voy a prestar atención a las cosas serias de la vida. Si solamente pudiera estar con mis hijos y sostenerlos en forma humilde, lo haría con mucho gusto".* (Diario, Manuscrito 88, del 19 de diciembre de 1893. En viaje a Sydney, Australia, desde nueva Zelandia).