Meditaciones Matinales
De Amigos Adventistas
Cada día con Dios - Elena G. de White
Hoy es Martes 30 de septiembre del 2014
 

AVANCEMOS HACIA LA META

Prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús. Fil. 3: 14.

Todos tenemos que ganar en experiencia y también tenemos cruces que llevar. Si hacemos planes para satisfacer nuestros propios gustos y deseos, seremos hallados faltos en el día de la retribución y las recompensas. Si vivimos para beneficiar a los demás y glorificar a Dios, no nos estaremos preocupando de nosotros mismos, sino de ser útiles para el mundo y de bendecir a la humanidad, y recibiremos la bendición del "Bien hecho" de los labios del Maestro.
Debemos vivir para el mundo venidero. Frustra tanto vivir una vida azarosa y sin sentido. Necesitamos un objetivo en la vida; debemos vivir con un propósito en vista. Dios nos ayude a ser sacrificados, a no preocuparnos de nosotros mismos, a olvidarnos más de nosotros y de nuestros intereses egoístas; y hacer el bien, no por la honra que esperamos recibir aquí, sino porque ese es el objetivo de nuestra vida y porque satisface el propósito de nuestra existencia. Oremos cada día a Dios para que extirpe de nosotros el egoísmo. . .
He visto que los que viven con un propósito, que tratan de beneficiar y bendecir a sus semejantes, y honrar y glorificar a su Redentor, son los verdaderamente felices en la tierra, en tanto que los inquietos, los descontentos, los que tratan de probar esto y aquello con la esperanza de encontrar la felicidad, siempre se están quejando y siempre están desilusionados. Siempre anhelan algo y nunca están satisfechos porque viven sólo para sí mismos. Sea tu propósito hacer el bien y hacer tu parte en la vida con fidelidad.
Hay apresuramiento y excitación. Los hombres invierten febrilmente su capital en bonos y acciones, se enriquecen en un día y sin embargo están insatisfechos. Siguen invirtiendo, víctimas de una loca expectación. Las acciones se vienen al suelo; el que era millonario en la mañana se convierte en pordiosero al llegar la noche, y le parece que la mejor manera de solucionar el problema es la pistola, la cuerda o las aguas de la bahía. El dinero es una bendición cuando los que lo usan consideran que son mayordomos del Señor, que están administrando el capital de Dios y que deben rendir cuenta de su mayordomía. La Biblia condena el amor al dinero como la raíz de todo mal, un amor de tal naturaleza que, cuando el hombre pierde dinero, la preciosa vida que Dios le ha dado no vale nada por causa de dicha pérdida (Carta 17, del 28 de septiembre de 1872, dirigida a J. E. White).